“La empatía, la escucha activa, el respeto y la tolerancia son fundamentales para ser un buen educador”

Entrevistamos a Eva Cebollero, pedagoga, educadora infantil y profesora en iFP después de la visita que los alumnos del Ciclo de Grado Superior en Educación Infantil hicieron a la ludoteca Guitard, en el barrio de Sants en Barcelona. Ante unos modelos de educación cada vez más diversificados, le preguntamos por las características de cada centro y las habilidades que debe tener un buen educador.

ENTREVISTA A EVA CEBOLLERO, PEDAGOGA, EDUCADORA INFANTIL Y PROFESORA EN IFP

Los alumnos del Grado Superior en Educación Infantil visitaron la Ludoteca Guitard de Barcelona. ¿Cómo fue la salida?

Muy bien. Hicimos dos visitas, una el martes y otra el jueves: Partimos el grupo en dos para atender bien a todos los alumnos. Durante una hora, se trataba que vieran cómo funciona el espacio familiar.

 

¿Qué es un espacio familiar?

Un espacio donde las familias con niños de 0 a 3 años interactúan con los monitores, juegan con sus hijos y con los de los demás. De esta manera, los niños que están en casa se relacionan con otros y las familias intercambian puntos de vista y preocupaciones. Hay espacios familiares que solo se dedican a eso, pero aquí, aparte, hay ludoteca por las tardes.

 

Entonces, ¿cuál es la diferencia con una ludoteca?

Una ludoteca es un espacio orientado al juego, con el objetivo que los niños y niñas se socialicen con sus compañeros, ya sea de manera libre o con actividades dirigidas. Los niños van a pasárselo bien, pero solo con otros niños. Los padres y madres no están.

 

¿Qué crees que aprendieron en esta visita?

Pudieron poner en práctica todo lo que habían aprendido en clase con actividades dirigidas a los niños. También estaban muy interesados en saber cómo se trabajaba en los diferentes espacios y qué titulaciones tenían los monitores, por ejemplo.

 

¿Cuáles son las claves para ser un buen educador?

La empatía, la escucha activa, el respeto, la tolerancia y la paciencia son fundamentales, pero, sobre todo, una actitud asertiva con la que intentes hacer fluir la comunicación y comprender a los niños y a sus familias. Y, por supuesto, tener vocación de educador, que te gusten los niños, porque es un trabajo muy bonito y satisfactorio, pero tiene una parte física y psíquica dura. Hay que tener muy claro que te quieres dedicar a esto porque los niños se lo merecen.

 

Y el papel de los padres también es fundamental…

Es el factor principal. Por eso es importante que educadores y familias vayamos de la mano para que haya una consonancia. Si no los niños no sabrían cómo actuar. Es esencial la relación entre familia y escuela, y aquí eso se trabaja mucho.

 

¿Por qué es importante que los niños aprendan hábitos desde pequeños?

Tener buenos hábitos en la infancia es básico; las rutinas orientan a los niños, saben lo que va a pasar. La asignatura Autonomía personal y Salud infantil abarca esta área durante un semestre.

 

¿Cómo transmitís esos valores básicos a los estudiantes?

Hay también un módulo de habilidades sociales dónde se fomentan estas aptitudes e intentamos trabajar mucho en equipo para buscar información, preparar alguna actividad, etc.

 

Y una vez terminado el Grado Superior, ¿a qué se pueden dedicar?

Las salidas laborales se dividen en el ámbito formal y no formal. El primero incluye las tareas tradicionales de maestro o tutor en una escuela infantil, con niños de 0 a 3 años. También pueden ser técnicos de educación infantil, es decir, auxiliares del maestro, cuando los alumnos tienen entre 3 y 6 años.

También existe el ámbito no formal del que hablábamos: ludotecas, espacios familiares, centros materno-infantiles… El Grado Superior en Educación Infantil los prepara para ejercer de educador de una manera profesional en ambos sectores.

 



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